Escribir contra la niebla

Cuando el algoritmo parece escribir mejor que uno

Cuando el algoritmo parece escribir mejor que uno
Cuando el algoritmo parece escribir mejor que uno Antonio de Rosa

Vivimos en un tiempo extraño.

Podemos pasar meses o años escribiendo una novela, semanas corrigiendo un capítulo y horas buscando la palabra exacta para una frase. Eso es lo normal en un proceso de escritura.

Pero un día publicamos una fotografía, un vídeo de quince segundos o una ocurrencia escrita deprisa y resulta que eso llega a muchas más personas que todo lo anterior.

Y entonces aparece una duda incómoda:

¿Importa más lo que contamos o saber cómo conseguir que nos vean?

Desde que empecé a tomarme más en serio las redes sociales como parte de mi trabajo de escritor, he aprendido algo que al principio me costaba aceptar: publicar no basta.

Ni siquiera publicar algo bueno basta.

Hay horarios, formatos, vídeos, fotografías, tendencias, llamadas a la acción, frecuencia de publicación y un montón de pequeñas decisiones que, en teoría, ayudan a que una plataforma considere que tu contenido merece ser mostrado a más gente.

Y uno termina aprendiendo palabras que jamás pensó que necesitaría para escribir novelas.

  • Alcance.

  • Interacción.

  • Retención.

  • Impresiones.

  • Conversión.

De repente, parece que el escritor también tiene que ser especialista en marketing, creador de contenido, diseñador, editor de vídeo y estratega digital.

Y ahí empieza el ruido.

Porque una cosa es utilizar las redes para dar a conocer tu trabajo y otra muy distinta sentir que estás trabajando para ellas.

Hay días en los que tengo la impresión de que dedico más tiempo a pensar cómo contar que a escribir.

Y eso tiene algo de absurdo.

Puedes pasar una tarde entera preparando una publicación sobre documentación histórica, sobre la construcción de un personaje o sobre una decisión narrativa que te ha llevado semanas resolver. La publicas convencido de que puede interesar y apenas obtiene respuesta.

Al día siguiente subes algo mucho más sencillo y, por alguna razón que no comprendes del todo, funciona muchísimo mejor.

Entonces miras las estadísticas.

Intentas encontrar una explicación.

¿Fue la hora?

¿El formato?

¿La primera frase?

¿La fotografía?

¿O sencillamente aquel día el algoritmo decidió ser generoso?

Lo peligroso empieza cuando dejamos que esas cifras entren en el proceso creativo.

Cuando pensamos que un tema no interesa porque una publicación tuvo poco alcance.

Cuando descartamos una idea porque no generó comentarios.

Cuando empezamos a escribir pensando antes en cómo se compartirá que en lo que queremos contar.

Ahí es donde conviene frenar.

Porque el algoritmo tiene una ventaja enorme sobre nosotros: no necesita paciencia.

Nosotros sí.

Una novela necesita tiempo.

Un lector necesita tiempo.

Una carrera como escritor necesita muchísimo tiempo.

Sin embargo, las redes sociales nos acostumbran a esperar una respuesta inmediata. Publicamos algo y, pocos minutos después, ya estamos mirando cuántas personas lo han visto. Si funciona, sentimos que hemos acertado. Si no funciona, buscamos enseguida qué hemos hecho mal.

Y no siempre hemos hecho algo mal.

A veces una buena publicación pasa desapercibida.

A veces un buen libro tarda años en encontrar lectores.

A veces lo que merece permanecer no es precisamente lo que mejor sabe aparecer.

Creo que ese es uno de los grandes conflictos de quienes intentamos crear algo en este momento.

Pero también necesitamos protegernos del ruido.

No podemos permitir que una cifra decida qué merece la pena escribir.

Las redes pueden servir para abrir una puerta, pero detrás de esa puerta tiene que haber algo.

Una historia. Una voz. Un libro.

Algo que siga teniendo sentido cuando la publicación haya desaparecido del muro y el algoritmo ya esté buscando otra cosa que enseñar.

Quizá el reto no sea ganarle al algoritmo.

Quizá sea utilizarlo sin terminar escribiendo para él.

Aparecer cuando podamos.

Pero escribir para permanecer.

¿Alguna vez has descubierto un libro, una película o una canción mucho después de su lanzamiento y has pensado: «¿Cómo es posible que no hubiera conocido esto antes?»?

Gracias por seguir al otro lado de la pantalla.

Nos leemos la próxima semana.

Antonio de Rosa

Suscríbete a antonioderosa para recibir actualizaciones directamente en tu correo

Antonio de Rosa

Suscríbete a Antonio de Rosa para reaccionar

Suscribirse

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!

Suscríbete a Escribir contra la niebla para recibir actualizaciones directamente en tu correo