Escribir contra la niebla

La extraña soledad de promocionar un libro

La extraña soledad de promocionar un libro
La extraña soledad de promocionar un libro Antonio de Rosa

La extraña soledad de promocionar un libro

A veces escribir no agota tanto como tener que recordar constantemente a los demás que has escrito.

Hoy quiero hablar de esa sensación incómoda de tener que estar siempre presente sin saber si estás despertando interés o, sencillamente, molestando.

Cuando hablé por primera vez con la editorial que publica mis novelas, Editorial Fanes, me dijeron la verdad desde el principio:

«Somos una editorial pequeña, estamos al otro lado de España, en Cantabria, y no tenemos demasiados contactos por Murcia y Andalucía. Lo que te pedimos es que te impliques en la promoción de la novela».

Yo, que soy «mu echao pa’lante» y no tengo ningún problema en hablar en medios de comunicación ni en aparecer delante de una cámara, acepté desde el primer momento. De hecho, creo que esa parte se me da bastante bien, aunque no tenga forma de demostrarlo sin parecer presuntuoso.

Comencé a publicar casi a diario en redes sociales. Gracias a ello crecí mucho más de lo que habría imaginado en Instagram, Facebook y LinkedIn.

Pero publicar casi todos los días cansa.

No solo por el hecho de preparar una publicación, sino por tener que pensar continuamente qué contar, cómo contarlo y de qué manera evitar repetirte. Ahora cuento con la ayuda de la inteligencia artificial, pero también ella tiende a recorrer siempre los mismos caminos. No debemos olvidar que funciona a partir de patrones y que, si no la guiamos bien, acaba proponiendo ideas muy parecidas.

Mantener el crecimiento, alimentar las redes y conseguir que el libro siga visible se convierte así en otro trabajo.

Y luego aparece una nueva dificultad.

Las personas que me siguen ya saben que he publicado una novela. Son, además, las primeras a las que las redes sociales muestran mis publicaciones. Pero, si quiero llegar más allá de ese círculo, tengo que invertir en publicidad.

Ahí entran Meta Ads, las campañas patrocinadas y esa desagradable impresión de que, para ser visible, hay que pagar una entrada.

Otra estrategia es la newsletter de autor.

Sobre el papel, parece una herramienta magnífica. Puedo compartir relatos, hablar del proceso de escritura y ofrecer algunos consejos nacidos de lo que he aprendido desde que me tomo este oficio más en serio.

Sin embargo, el alcance real suele ser pequeño y las interacciones, escasas. Algún comentario de vez en cuando, alguna respuesta aislada y poco más.

Yo soy muy cabezón y no suelo cejar en el empeño, pero poco a poco estoy descubriendo una verdad incómoda:

Por muy bien que escribas, por mucho que los lectores te digan que la novela les ha gustado, que está bien documentada o que han sentido algo especial al leerla, si no consigues llegar a más personas, casi nadie sabrá que existe.

Esa es la realidad.

Como decía aquella comparsa, «la justicia solo es justicia si tienes para pagar». O, como se dice en mi pueblo, «el que tiene padrino se bautiza».

En el mundo del libro ocurre algo parecido. Si puedes permitirte una campaña de promoción importante, tendrás más posibilidades de que tu obra sea conocida. Si tu novela aparece en una mesa destacada de El Corte Inglés, Fnac o Casa del Libro, partes con mucha ventaja respecto a la mayoría de los escritores.

Eso no significa que la inversión garantice las ventas ni que la visibilidad convierta automáticamente un libro en bueno. Significa, sencillamente, que un libro que nadie ve tiene muchas menos posibilidades de ser leído.

Y eso no siempre tiene relación con la calidad.

Conozco escritores mucho mejores que yo que venden menos porque les cuesta exponerse, no se manejan bien en las redes sociales o no quieren dedicar buena parte de su tiempo a promocionarse. Y los entiendo. La promoción puede acabar ocupando el espacio que debería pertenecer a la escritura.

Por eso quiero darle este giro a la newsletter.

Quiero contaros que en el mundo de los libros no todo es bonito. Que detrás de cada lanzamiento hay dudas, cansancio, expectativas, pequeñas alegrías y una niebla bastante espesa que nos impide ver con claridad cómo funciona realmente este oficio.

Gracias por llegar hasta aquí y por seguir un día más al otro lado de la pantalla.

Y ahora me gustaría preguntarte algo: ¿te molesta que un escritor hable con frecuencia de sus libros o entiendes que forma parte de su trabajo?

Nos leemos la próxima semana.

Antonio de Rosa

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