Entre luz y tinta

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162271064.somos-esclavos-del-tiempo.html Antonio de Rosa

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Hola, Soy Antonio de Rosa, hoy os traigo dos microrrelatos muy diferentes entre sí. Uno, en el que intento adentrarte en la oscuridad. Otro, con el que quiero que pienses en el tiempo.


EL ANFITRIÓN

Ser útil me hace feliz. Verlos entrar sonrientes, comentando los viajes y aventuras al llegar a la casa. Subiendo las escaleras decimonónicas, señalando los cuadros familiares y elucubrando las relaciones entre ellos. Veo las sonrisas nerviosas cuando la madera del suelo cruje y los sobresaltos cuando una puerta se cierra con estruendo. Yo intento tenerlo todo preparado para cuando llegan y que no haya ni un detalle al azar. Es una lástima el miedo que pasan cuando me ven aparecer. Salen de la casa despavoridos.

INVISIBLE

Ninguna foto. Es decir, sí que había fotos por la casa: varias de mi mujer, su hermana, de la boda de esta. También había de los niños, de los suyos y de los nuestros. Incluso de los abuelos y los bisabuelos. Quien no aparecía en ninguna fotografía era yo. Algo extraño y de los que no me había percatado en todos los años que llevaba en la familia.

Comencé a comprender la actitud de mi suegra hacia mí en los últimos tiempos. Me ignoraba, ni siquiera me dirigía la palabra.

Mi suegro, como siempre, algún comentario sobre mí, pero enseguida mi suegra cambiaba de tema y él se olvidaba de lo que estaba hablando.

Y aquella actitud de mi mujer en el último mes, siempre seria, distante, llorando de vez en cuando al mirar a los niños jugando en el suelo.

Mientras estábamos en la sobremesa me escabullí para ver si por la casa había alguna foto en la que apareciera, en la que hubiera un atisbo de esperanza de que aquello se pudiera reconducir.

Nada. Ninguna imagen en la que yo estuviera.

Quise recordar aquel momento en que todo se torció. No fue fácil porque lo tengo un poco borroso.

Solo recuerdo el momento después del accidente, tras salirme de la carretera y ver a mi mujer desde arriba, como si yo estuviera fuera del coche, mientras ella intentaba reanimarme.

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Antonio de Rosa

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