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SEXTING
Sabía que aquello ocurriría. Desde que le mandó aquellas fotos sin ropa. Pensaba que sería un chico de su edad; pero al poco, le llegó un mensaje pidiéndole más fotos. En el caso de no mandarlas haría públicas las que tenía. Después le pidió un vídeo. Pero el tipo quería más.
Amanda estaba agobiada, pero mientras le diera lo que demandaba no haría nada público. El problema era que cada vez quería más.
Esta vez quería que quedar con ella. En principio, Amanda, aterrada, dijo que no. El tipo amenazó y consiguió su objetivo. Le dijo hasta que ropa debía llevar.
Accedió con más miedo que razón. Para una chica de dieciséis años la razón nunca pesa más que el terror que produce quedar en evidencia ante los demás.
Llegó hasta el parking. Pocos coches. Uno gris le dio las largas y ella se acercó.
Él salió del vehículo mirando con cara lasciva el uniforme de colegiala que había adquirido en la tienda de disfraces. Cincuenta y tantos, pensó. Le dijo que entrara en el coche. Ella accedió. Se sentó en el asiento del copiloto segundos antes de que él lo hiciera en el del conductor.
Cuando lo hizo pudo ver brillar en la noche la hoja del cuchillo que Amanda tenía en la mano derecha, justo un momento antes de que se clavara en su pecho.
Amanda, con miedo, pero con alivio, sacó el cuchillo cuando el tipo dejó de moverse. Lo limpió en la ropa de él intentando no tocar nada.
Ya se desharía del cuchillo y la ropa de camino de casa.
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Nos leemos la próxima semana.
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