150451624.que-pasaraque-misterio-habra.html
LOS COCHES LOCOS
La vi mientras bailaba en la improvisada pista frente al escenario. La orquesta interpretaba un popurrí de canciones de los setenta: Los Bravos, Fórmula V o Los Diablos eran los más reconocidos. La euforia era latente entre los asistentes. Las ganas de fiesta y las altas horas de la noche, mezclado con una nada desdeñable cantidad de alcohol, hacía que los asistentes bailaran y saltaran sin cesar.
Ella llevaba una falda corta de tablas y una camisa un poco anticuada, pero aun así no podía dejar de mirarla. El pelo largo y azabache suelto; el corte del flequillo recto, enmarcando un rostro redondeado y pálido; dulce y tímido.
No la había visto en los días que llevaba por el pueblo. Mi vida en la ciudad era bastante insulsa. A mis diecinueve años apenas salía a la calle centrándome en mis estudios. Esos días en el pueblo de mis padres me estaban dando una visión muy diferente de la vida. Allí todo era más pausado, más tranquilo, sin las prisas de la ciudad.
Decidí cruzar la eventual pista de baile y acercarme a la chica, que también me miraba. La orquesta Sílex entonaba ahora un éxito de los ochenta, aunque a mí me resultaba lejano, y no solo en el tiempo. Llegué a su altura y me presenté: «Soy Santi».
Ella se ruborizó un poco y me dijo a su vez: «Me llamo Marta». Le di dos besos, uno por mejilla, y a pesar del rubor, su piel era suave y fría. Será por el fresco de la madrugada, pensé. «Pero aquí me dicen “la de la huerta”», terminó de presentarse.
Seguí diciéndole que me gustaría tomarme algo con ella. Asintió y me dijo que allí no, mejor en otro lugar, «en los coches locos estaremos bien», propuso. Acepté y le insté a que me esperara, tenía que despedirme de mis amigos del pueblo hasta rato después.
Me preguntaron que dónde había estado, que llevaban sin verme desde hacía un rato. Yo les dije que había quedado con una chica. Me rodearon todos ovacionándome y preguntando quién era la afortunada. Cuando les dije que era Marta, la de la huerta, se miraron extrañados.
«Eso no puede ser» dijo uno de mis amigos. «Esa chica murió hace más de quince años en un accidente en las atracciones». Miré perplejo a mis amigos y pregunté: «¿dónde?».
«En los coches locos», dijeron al unísono.
Esto es todo por esta semana. Si te ha gustado comparte con quien creas que puede gustarle.
Nos vemos la próxima.
¡Gracias por leer Los relatos de Antonio de Rosa! Suscríbete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!