Entre luz y tinta

184806984.ursula-sabia-mi-nombre.html

184806984.ursula-sabia-mi-nombre.html Antonio de Rosa
brown brick arch with green plants
brown brick arch with green plants

Photo by Adam Mechedal on Unsplash


Suscríbete ahora

UNA NUEVA VIDA

Los goznes de la puerta chirriaron lastimeros. Compré aquella casa por internet; mi vida en la ciudad me había llevado a un estrés y ansiedad incompatibles con el trabajo que tenía allí.

Apenas me relajaba y mi mente estaba ocupada con el trabajo; el poco tiempo libre del que disfrutaba lo empeñaba en el gimnasio, siguiendo la moda de los cuarentones como yo.

El amago de infarto y las recomendaciones del doctor me hicieron tomar una decisión drástica.

Llegué a un acuerdo con la compañía que me permitía teletrabajar y solo tendría que acudir una vez al mes para algunas reuniones.

La casa era una antigua abadía, aneja a una iglesia del siglo XI que aún pertenecía a la diócesis.

Subí las escaleras mientras aspiraba el olor a antiguo; la madera y esos aromas que se incrustan en las viviendas que permanecen mucho tiempo cerradas. No estaba mal del todo; el propietario anterior la había cuidado con esmero y los muebles se encontraban en buen estado. Tanto las habitaciones como la cocina eran más que decentes, al menos para alguien que quería desconectar del ruidoso mundo en el que vivía.

Un arcón, que parecía muy antiguo, pegado a una de las paredes de la sala central, llamó mi atención.

Comprobé que no necesitaba llave para abrirlo, aunque ofrecía dificultades al destaparlo; la madera se había hinchado y tuve que tirar con fuerza. Una pequeña nube de polvo ascendió; guiñé los ojos y el olor de papel muy viejo inundó la estancia.

Muchos documentos antiguos, algún mapa de la zona olvidado por algún visitante y un fajo de cartas atadas con una cuerdecita, se mezclaban con algunos enseres colocados allí porque ya no eran útiles.

Tomé las cartas; la primera solo tenían un remitente. Sin destinatario.

La abrí y comencé a leer.

La escribía Úrsula Burnao, una joven de veinte años. Estaba fechada en 1898 y destinada a alguien a quien amaba; el nombre de este no aparecía por ninguna parte, ni en el exterior del sobre; ni en el interior.

Ella le declaraba su amor y cuánto lo echaba de menos. Solo pude interpretar, por las fechas, que estaba en la guerra de Cuba; pero esas cartas ni siquiera las envió. Conforme leía algo creció en mí; me metí tanto en la lectura que parecía que iban dirigidas a mí. Carta tras carta, más me imbuía en ese amor que profesaba Úrsula a su amado, que ahora era yo. Su forma de expresarse, aunque un poco arcaica para mí, me recordaba a mi antigua pareja, que me había dejado por ese estrés laboral que llevaba y no podía soportar sentirse desplazada por mi trabajo.

Cuando llegué a la última carta me quedé helado mirando el sobre; mi nombre aparecía en el destinatario: Andrés Sobrino, aunque no se leía ninguna dirección ni nada más que indicara que no sería una mera casualidad.

Ávido de más información abrí la misiva y extraje aquel papel doblado en cuatro partes; mis manos temblaban, aunque yo no era un tipo que se pusiera nervioso con facilidad.

Comencé a leer y ahí aparecía, de nuevo, mi nombre:

«Querido Andrés», comenzaba. «Todavía no me he atrevido a enviarte ninguna de las cartas que te he escrito. No quería molestarte con cosas de enamorados cuando estás haciendo algo tan importante. Pero necesito hablarte, necesito verte y, por eso, esta sí te la envío». Me detuve en ese punto pensando en qué pudo ocurrir para que tampoco enviara esa carta. «Han pasado muchos meses desde que marchaste y los mismos que no tengo noticias tuyas. Solo espero que estés bien y que vuelvas pronto para seguir con nuestro compromiso; y poder pasar el resto de nuestras vidas juntos. Tuya siempre, Úrsula».

Ahí terminaba aquella carta, dolorosa e ilusionante a la vez. Quizás a ella le llegaron noticias de él desde donde estuviera. Quizás volvió y continuaron con aquel compromiso y las cartas quedaron guardadas en aquel arcón.

Mi móvil vibró en el bolsillo. Pensaba que allí no tendría cobertura móvil; fue de las primeras cosas que me dijo el vendedor. Virginia, podía leer en el terminal, mi ex novia.

—Hola, Andrés.

—¿Cuánto tiempo?—dije yo.

—No te vas a creer lo que ha pasado. He soñado con una mujer que me decía que debía llamarte.

Extrañado pregunté:

—¿Cómo era?

—Iba vestida con ropas antiguas y decía llamarse Úrsula.


✒️ Consejo de escritura

El misterio funciona mejor cuando no se explica del todo.

Este relato demuestra que no todo necesita una respuesta clara. La sugestión, el detalle inquietante y la coincidencia imposible generan más desasosiego que cualquier explicación racional.

Cuando trabajes terror sutil o misterio, confía en el lector. Deja cabos sueltos, insinúa más de lo que cuentas y evita cerrar el significado. Lo que no se explica se queda rondando en la cabeza, y eso es lo que convierte un relato breve en algo memorable.


📚 Sobre los relatos de misterio íntimo

Este tipo de historias no se apoyan en monstruos ni grandes amenazas, sino en lo cotidiano que se tuerce ligeramente. Una casa antigua, unas cartas olvidadas, un nombre que se repite donde no debería.

El verdadero terror aquí es la invasión de lo inexplicable en una vida normal. Son relatos herederos de la tradición clásica: pocos fuegos artificiales y mucho clima. Funcionan porque atacan una certeza básica del lector: que el pasado está muerto y no puede alcanzarnos.

A veces, no es así.


📖 Novedades: El Predicador

El Predicador Tiene en breve una nueva presentación; será en Lorca, en el Palacio de Huerto Ruano, el día 5 de febrero, jueves, a las 19:30 de la tarde. En el acto me acompañará José Tomás Ríos, profesor de Lengua y Literatura, gran lector y que ha sido integrante de multitud de jurados de premios literarios. Un honor para mí tenerlo como compañero de trabajo y le estoy muy agradecido por ser uno de mis lectores beta.

Así que allí nos vemos para pasar un buen rato y contar muchas cosas de la novela (sin destriparla).

Gracias por seguir ahí.
La próxima historia ya está llamando a la puerta.

Nos leemos la semana próxima.

El predicador

Suscríbete ahora

Compartir

Suscríbete a "Entre luz y tinta" para recibir actualizaciones directamente en tu correo
Antonio de Rosa

Suscríbete a Antonio de Rosa para reaccionar

Suscribirse

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!

Suscríbete a Entre luz y tinta para recibir actualizaciones directamente en tu correo