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Photo by Olesya Yemets on Unsplash
El relato que te traigo hoy ha estado aprticipando este fin de semana en el concurso de Hilos de misterio de @CordoBlackFest, en el concurso #HilosBlack25.
Para ello he creado un relato, en mi línea y estilo habitual de X, y lo he adaptado a 20 tuits más o menos. Mi intención, más allá de concursar, era apoyar esta iniciativa del evento y dar a conocer el trabajo de mis compañeros que hacen este tipo de hilos en X y que suelen tener muy buena aceptación. Los datos del hilo han sido, alrededor de 70 MG y 46000 visualizaciones que, para mí, es un éxito. Os dejo el relato por aquí, que se llama:
NOSOTROS
La notificación me llegó poco después de las 9 de la mañana. «Has sido añadido al grupo “Nosotros”». Me resultó extraño, no tenía ningún evento pendiente y mis amigos no son de hacer grupos diferentes al que ya tenemos. Miré los participantes y no tenía ninguno en mi agenda.
Creyendo que se habían equivocado me salí del grupo. Dos minutos después una nueva notificación me llega «Has sido añadido al grupo “Nosotros”». Unos segundos después otro mensaje dice:
«¿Está ya dentro?», otro: «¿Ha leído ya?»
Aquello me confunde. Nadie tiene foto de perfil.
Intento salirme de nuevo, pero alguien ha bloqueado para no poder abandonar el grupo. Otro mensaje: «se entra, pero no se sale». Pienso que es una broma de alguien que tiene mi número de teléfono. Unos segundos después una foto: soy yo saliendo de mi coche esa misma mañana.
Confundido pregunto: «¿Qué queréis? No conozco a nadie de aquí». Varios emojis riendo se suceden en los diferentes números. «Claro que sí nos conoces, Antonio». Se suceden los mensajes con emojis riendo, en incluso algunos con los dos chorros de lágrimas. Lo están pasando bien.
Aparece un audio en el chat que, por curiosidad abro. A ver si conozco la voz de alguno, pienso. Pero la voz del audio es la mía, hablando con alguien por teléfono. ¿Cómo es posible que tengan mi voz grabada? Recuerdo la conversación, es de hace tiempo. Mucho tiempo.
«Hoy toca votar», dice alguien. «¿Le damos una advertencia o pasamos ya a la fase 2?». Escribo para preguntar qué quieren de mí, pero parecen obviar lo que escribo y siguen a lo suyo. Aparece una encuesta en el chat:
1 “que lo entienda”
2 “que lo sufra”
Me empiezo a poner nervioso.
Nuevos mensajes me hacen sospechar que a alguno lo conozco. Esas expresiones se parecen mucho a las mías, pero no soy yo. Debe ser alguien muy cercano a mí. Repaso de nuevo los mensajes y creo saber quién los escribe. Pedro, mi mejor amigo. O eso creía hasta hoy. Lo llamo.
«Tío, ¿eres uno de los del chat?». Digo nada más descolgar él. «Sí», me espeta con un tono que nunca ha utilizado conmigo. «No quería que fuera así», me dice, «pero no nos has dejado más opciones». «¿Qué me estás contando?», pregunto confuso. Me cuelga y aparecen más mensajes.
Un mensaje del que creo que es Pedro se añade al chat: «Es mejor que sepas la verdad». En la encuesta gana el 2 “que lo sufra”. «Dani ha votado a favor de contarlo», aparece en pantalla de otro número desconocido. Varias capturas de mensajes de whatsapp se van sucediendo.
Son de mi ex pareja, Marta, con alguien que no soy yo. La conversación es dos personas que mantienen una relación. El otro no soy yo, es Dani. Miro las fechas de los mensajes y son de la época en que Marta y yo aún estábamos. No entiendo nada, habíamos terminado bien.
«¿Qué está pasando aquí, Pedro?» pregunté ya muy alterado. «Siento que hayas tenido que enterarte así», pone él. «Dani quiere contarlo todo», dice otro, que parece que se divierte más que los demás. «Un 90% del grupo quiere que se sepa lo que ocurrió en 2011». Palidezco.
Una foto de grupo, en la que aparezco con otras cuatro personas, una noche de fiesta. De los otros cuatro no sé nada desde entonces. Poco después, otra foto, esta vez una chica que recuerdo a la perfección, Lucía. «¿Qué tiene que ver Marta en todo esto?», pregunto en el grupo.
«Ella también lo sabe». No es posible, pienso. Aparte de aquellos cuatro nadie sabe lo que pasó aquella noche. Y, además, fue un accidente. Poco después llega otra foto con los nombres de los cuatro y el mío. Están por orden, el mío en tercer lugar; los dos primeros tachados.
Otra foto nueva. Es una nota escrita a mano en la que pone: “no me dejéis sola”. Un artículo de un periódico al lado con una noticia que recuerdo a la perfección y que me da escalofríos cada vez que la veo. Lucía fue atropellada esa noche. Mi cabeza daba vueltas.
¿Qué era todo aquello tantos años después?¿Quién me culpaba de algo que pasó hacía tanto tiempo? Otro mensaje llega al chat. Es de Pedro: «Esta vez no decides tú cómo acaba». Suena el timbre y salgo disparado hacia la puerta. Miro y no hay nadie. Solo una carpeta en el suelo.
Miro hacia los lados. Nadie. Tomo la carpeta y miro dentro. Una foto de un lugar que conozco y al que no iba desde hacía 14 años. Una nota en la que pone: «Ya sabes dónde tienes que ir». Me quedo absorto mirando la foto y se sucede el sonido de mensajes entrantes.
Dudo, pero quiero terminar con aquello. Cojo las llaves del coche y bajo al garaje. Apoyo la cabeza en el respaldo y suspiro. Arranco el coche y conduzco durante veinte minutos hasta el lugar en que Lucía tuvo el accidente. Cuando llego, nueve personas se hallan en el lugar.
Marta y Dani, cogidos de la mano. El hermano de Lucía y otros 6 que no conozco. «¿Por qué la dejasteis sola?», preguntó Dani. En shock por la situación, miro uno a uno para ver si me suenan las caras. Sé que los he visto antes, pero mi mente me impide procesar. Miro el reloj.
Es la misma hora del accidente de Lucía. Y justo el día en que se cumplen 14 años. «Esto no puede estar ocurriendo», pienso. Levanto las palmas de las manos pidiendo explicaciones. «Esta vez no eliges tú cuándo te vas», dice el hermano de Lucía.
Consejo de escritura
👉 No empieces por el crimen: empieza por la culpa.
En este relato, el supuesto “misterio” (qué pasó con Lucía) no es lo que engancha desde el principio. Lo que atrapa es la sensación de que el protagonista no es inocente, aunque aún no sepamos de qué. El lector intuye que hay una deuda antigua, y sigue leyendo no para descubrir el qué, sino el cuánto.
Eso es narrativa clásica y funciona desde siempre:
Primero, un personaje que cree haber pasado página.
Luego, un pasado que vuelve sin pedir permiso.
Y por último, la certeza de que el castigo no depende de la ley, sino de la memoria.
Cuando escribas relatos cortos —y especialmente para formatos como hilos o boletines— recuerda esto: la culpa es un motor más potente que el misterio. El misterio despierta curiosidad; la culpa despierta ansiedad. Y el lector siempre sigue leyendo para aliviarla.
En otras palabras:
No preguntes “¿qué pasó?”,
haz que el lector piense “sé que algo pasó… y no me va a gustar”.
Novedades editoriales
Como ya sabréis, hace unos 15 días, se lanzó mi nueva novela, la segunda, esta de un estilo diferente al anterior, una novela negra. Los comentarios que estoy recibiendo de los lectores son muy positivos y estoy muy agradecido por ello. Si aún no la tienes la puedes adquirir en el siguiente enlace.
Te dejo por aquí también el booktrailer por si queires saber de qué va la novela.
Y nada más, nos leemos la semana próxima.
Antonio de Rosa
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