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✉️ ENTRE LUZ Y TINTA
📷 El álbum de fotos
Ayer me acerqué a ver a mi madre. Después de charlar un rato subió hasta una habitación a modo de buhardilla. Al poco apareció con una caja de cartón polvorienta.
—Mira lo que he encontrado en la buhardilla. Es tuyo.
Dentro había juguetes rotos, libretas del colegio y, en el fondo, un álbum azul con las tapas de tela gastada. Me lo tendió con un gesto de cariño.
—Son fotos tuyas de niño.
Lo abrí con cierta emoción. La primera página mostraba mi primera comunión, yo con un traje demasiado grande y una sonrisa forzada. Después, veranos en una playa de Fuengirola, cumpleaños rodeado de primos, excursiones escolares. Todo normal.
Pero a mitad del álbum algo cambió.
Aparecieron fotos que no recordaba. En una estaba en un parque que no conocía, montado en un columpio oxidado. En otra, sentado en el porche de una casa extraña, con un balón en las manos. Más adelante, en la orilla de una playa que jamás había pisado.
Lo más inquietante era que en casi todas aparecía, al fondo, una figura. A veces apenas un perfil; otras, la silueta completa. Siempre un hombre alto, vestido de oscuro, mirando en dirección a la cámara, pero con la cara desenfocada.
Sentí un escalofrío.
—Mamá, ¿dónde se hicieron estas fotos? —pregunté.
—Tu padre las hacía casi todas —respondió distraída, doblando ropa en la cocina.
Se me heló la sangre. Mi padre se había fallecido cuando yo tenía nueve años. Sin embargo, en esas imágenes yo aparecía con diez, once, incluso doce años.
—¿Estás segura de que son de papá?
—¿De quién si no? Nadie más te fotografiaba. Estaba enamorado de su cámara Kódac, no se la dejaba a nadie.
Pasé página tras página con creciente ansiedad. Mi yo infantil sonreía en cada foto, ignorante de aquella presencia oscura detrás.
Llegué a la última hoja.
Era distinta: la foto estaba revelada en blanco y negro, como hecha con una cámara mucho más moderna. Y lo que vi me dejó sin respiración.
Era yo, sentado en el sillón de mi salón, con una ropa muy parecida a la que llevaba en ese instante.
Y tras de mí, apoyado en la pared, la figura oscura, nítida esta vez, mirándome fijamente. Creí reconocer aquella cara, aunque no le ponía nombre.
Cerré el álbum de golpe.
El silencio de la casa se volvió espeso, insoportable. Me giré, instintivamente, hacia la pared de mi salón. No había nadie.
Entonces escuché el chasquido seco de un obturador.
Venía de detrás de mí.
Salto de sillón y me encaro a la persona que está haciendo la foto. Intento atacarlo, pero es más alto y fuerte que yo y me reduce rápido.
—Tranquilo, hermanito— oigo decir.
Me fijo y veo a mi hermano mayor con la cámara de mi padre alrededor del cuello. Ahora reconozco a la persona que está conmigo en la última foto.
—¿Y estas fotos?—le pregunto aturdido.
—Antonio, tienes lagunas de memoria desde que tuvisteis el accidente. Es posible que no recuerdes algunas fotos de esas.
—¿Qué accidente?
Mi hermano cruzó su mirada con la de mi madre, que la había levantado del montón de ropa que ordenaba. Negó con la cabeza.
—En el que murió papá, ¿tampoco lo recuerdas?—dijo mi hermano enseñándome la cámara de fotos Kódac.
Consejo de escritura
Esta semana no es solo una historia. Es una grieta en la memoria, una de esas que se abren sin previo aviso. Un objeto cotidiano —un álbum de fotos— basta para que todo se tambalee.
En el relato de hoy, te propongo algo más que una anécdota: un viaje al corazón del recuerdo, donde nada es exactamente lo que parece. Un álbum polvoriento, una madre con respuestas a medias, un hermano que sabe más de lo que cuenta… y una presencia que se repite, imperturbable, en cada imagen.
¿Te acuerdas de todas tus fotos de infancia? ¿Estás seguro?
¿Qué pretendo con este relato?
Que el lector recuerde esos álbumes que tiene en la mesa del televisor, que repase las fotos y piense en el momento en que se hicieron; que busque algo más en esas fotos, ese detalle oculto que puede que lo explique todo. Hazlo, seguro que encuentras algo en lo que no habías reparado antes.
Novedades editoriales
Esta semana pocos avances; el mundo editorial es lento para contestar (no los culpo, les llegan cientos de manuscritos y tendrán que valorarlos), pero para el escritor esa espera se hace eterna.
Tampoco he avanazdo mucho en la nueva novela esta semana, ha sido la primera de trabajo y estamos volviendo a la rutina, así que esta semana empezaré avances de nuevo y espero poder contarte cosas esta próxima semana.
Gracias por seguir al otro lado. Ya sabes que cada lunes comparto una historia contigo. A veces breve, a veces intensa. Siempre escrita con el corazón y la pluma afilada.
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Nos vemos el próximo lunes con una nueva historia.
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