Entre luz y tinta

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154610291.el-dilema-de-las-redes.html Antonio de Rosa

Un relato de cómo nos han cambiado las redes sociales.


Hola, soy Antonio de Rosa y hoy te traigo un nuevo relato.


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ANA Y YAIRA

Ana es tímida y cada mañana se queda sin comer porque le roban el bocadillo en el recreo. Es eso o que le arranquen la piel a tiras, como le ha dicho la jefecilla del grupo de chicas. Ella, sumisa, obedece. Van seis meses de instituto y cinco desde que empezaron las amenazas. No se lo ha dicho a nadie porque sería peor: nueva advertencia.

Yaira tiene más de dos mil seguidores en Instagram y más de tres mil en Tik-Tok. Sus vídeos y «reels» se han hecho virales y eso le reporta muchas impresiones en redes sociales. En sus vídeos apenas se ve su cara porque lo que importa de verdad son los bailes y pasos que va inventando y que muchas chicas de su edad, mayores y menores imitan cada día. Es la comidilla habitual en los recreos: «tía, ¿has visto el nuevo vídeo de Yaira? Es súper guapo».

Ana escucha las conversaciones durante los descansos, mientras está sentada sola en un banco. De vez en cuando, algún bicho raro como ella se acerca y le da un poco de conversación, pero sus pintas tiran para atrás a la mayoría: camisetas negras, pelo largo y caído sobre la cara, pantalones anchos y botas deportivas. Pero a ella le da igual. O a lo mejor no le da igual, pero intenta convencerse de que no necesita a los demás.

Yaira sí los necesita. Cada día hace un vídeo nuevo, algunas veces solo variaciones de algún baile que ya ha hecho, con sus tops de colores y pantalón de chándal ceñido, unas zapatillas deportivas de marca y, aunque no se le ve bien, a veces se intuye el pelo recogido en una cola.

Ana se sienta en primera fila, escucha a veces los comentarios de sus compañeras, pero intenta atender a lo que se explica en la pizarra. La mayoría de profesores no dan demasiada importancia a lo que oyen en clase, pero algunos increpan al grupo, que se defiende diciendo que son solo bromas. Alguno ha conseguido que en sus clases no la insulten, pero es casi peor, porque guardan el odio que tienen dentro para soltarlo cuando los profesores no están. Ella casi prefiere que se metan con ella en clase. Al menos delante de los mayores son más comedidas.

Yaira, al ritmo que van sus cuentas, casi no va a necesitar estudiar. Pronto podrá monetizar sus vídeos y eso le reportará más dinero del que ganaría en cualquier trabajo para el que haya que estudiar.

Ana llega a casa y, después de un breve saludo con la cabeza a su madre, arroja la mochila sobre la cama de su cuarto. Se tira en ella y se pone los auriculares. Resopla y recuerda el día de mierda que ha tenido. Se cambia de ropa: pantalón de chándal y top. Después se recoge el pelo en una cola y se convierte una tarde más en Yaira.


Espero que te haya gustado esta historia. Nos leemos la semana próxima.

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Antonio de Rosa

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