Entre luz y tinta

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153114479.las-aventuras-de-papa-noel.html Antonio de Rosa

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UN FALLO EN EL GPS

El viejo corría despavorido delante de aquellos niños que gritaban palabras con muchas eles. Estaba perdiendo facultades y ya no era aquel hombre ágil de cuerpo y mente que controlaba el proceso con la eficiencia que requería su cargo. Más, en los tiempos que corrían, donde todo iba muy acelerado. Peor estaba Rudolph, que ya no era capaz de distinguir las coordenadas que le daba y habían aparecido en aquel lugar. Un terreno árido, salpicado de piedras grises y con unos pocos matojos desperdigados como única señal de vegetación. En la lejanía podía ver lo que parecían árboles, raquíticos y finos que no daban una triste sombra. Tan perdido había estado Rudolph que ni se había dado cuenta de que estaban en un lugar donde era de día; a todas luces, el hemisferio sur.

Los niños, con los ojos encendidos, se acercaban al viejo que no veía ninguna escapatoria por más que miraba en derredor. Sudaba con profusión. Aquel traje nórdico, hecho con piel de reno y de capa gruesa, proporcionaba calor en el norte. Pero en aquel lugar desértico era un lastre para escapar de aquellos pequeños.

Una voz gutural detuvo a los niños.

Frente al viejo se encontraba un enorme hombre en el que se distinguían en sus rasgos solo el blanco de los ojos, en contraste con su piel. Era lo más parecido a un gato negro que había visto nunca, pero con forma humana.

Los niños alcanzaron a la pareja, que seguía frente a frente sin hablar.

Los pequeños se pusieron tras el hombre, después de rodear al viejo y mirarlo muy serios. Este, con su barba y pelo blanco níveo, y con gotas resbalando de la cabeza sobre el traje, hizo ademán de hablar, pero no sabía en qué idioma hacerlo. No sabía realmente dónde estaba, arriesgó hablando en inglés.

—Soy Nicolás, pero todos me conoce como Papá Noël o Santa Claus.

Tanto el hombre como los niños miraron sin comprender. Nicolás no sabía si era por el idioma o porque lo que estaba diciendo les resultaba increíble.

Al poco los niños y el hombre estallaron en una carcajada que resonó en aquella sabana desértica. El hombre, una vez repuesto del ataque de risa, comenzó a hablar en un perfecto inglés, mientras con un ademán de la mano callaba a los niños, que seguían riendo señalando al viejo.

—Eso no es posible, no va vestido de rojo.

Siguieron riendo mientras lo rodeaban y lo levantaban en volandas.


AVENTURAS DE PAPÁ NOEL

¿Qué es eso que apunta a mi cabeza?, pensó Papá Noël.

La llegada por la chimenea había sido turbulenta. La construcción era de pega y había tenido que ingeniárselas para acceder al edificio.

Aunque al ver la estancia principal tuvo que mirar dos veces la dirección y la fecha que llevaba anotada, porque en un cartel que había colocado en una especie de escenario ponía en letras rosas “Despedida de soltera. Yolanda”.


Espero que te hayan gustado estos dos relatos como revisión de la vida y obra del viejo nórdico. Nos leemos la próxima semana.

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