153087010.historias-del-silencio-de-la-noche.html
HISTORIA DE UN SILENCIO
El ruido de los muebles me despertó en plena noche. Miré el reloj de la mesilla y marcaba la una y media de la madrugada. El sobresalto fue mayúsculo pues parecía que algún mueble del piso se había caído al suelo.
Aún con algunos síntomas de somnolencia intenté prestar más atención para saber desde dónde provenían los sonidos. Me incorporé en la cama e hice amago de ir hasta el salón, aunque algo parecido al miedo me paralizaba. Momentos después escuché de nuevo otro ruido. Algo roto, como cristal, o un jarrón, pero el sonido no venía de ninguna estancia de mi piso.
Era en el 4ºB. Mis vecinos. Se peleaban mucho. A decir verdad, no es que se pelearan, el marido llegaba a veces bebido y le pegaba e insultaba a la mujer. Otras veces ni necesitaba estar bebido para vejarla e insultarla, aunque nadie se metía nunca en ello. El tipo era prudente y lo hacía solo en la casa. Tampoco le dejaba marcas visibles, y si se las hacía, ella las tapaba para que no se vieran. Quizás por vergüenza o por miedo a que alguien se metiera en el asunto.
Lo cierto es que las cosas rompiéndose y los gritos me pusieron alerta y me quitaron la modorra después de haber dormido tres horas.
Al principio los gritos eran ininteligibles, posiblemente Armando estuviera borracho y por eso no se le entendía, pero después se oía con claridad cada insulto. Quizás se habían desplazado al salón para seguir con la gresca.
De repente oí un «eres una guarra, ni vales para la casa ni vales para la cama», me levanté con decisión, fui hasta el salón y me puse a dar vueltas alrededor de la mesa con un creciente nerviosismo. Varias veces hice el amago de salir al pasillo común y llamar, pero pensé que eran cosas de pareja y no debía meterme. «Un día te mato y después me suicido», lo dijo sin gritar, algo que me causó escalofríos de tan real y cierto como sonó. Pero son cosas que se dicen sin pensar, me dije.
El estruendo de un cristal al romperse me hizo pararme en medio del salón. Una luz se encendió en mi mente y una profunda tristeza me embargó al poco.
¡Los niños!—pensé—. Lo estarán oyendo todo. Tan pequeños. Pobres.
Seguían los insultos. «¡Si ya lo decía mi madre: que siempre habías sido una fresca!», decía enervado Armando. A Elisa ni se la oía. Él seguía con su parrafada: «¿Quién te manda mensajes al teléfono? Con tanto móvil y tantas tonterías. ¡Fotitos, eso es lo único que te gusta! Las cosas que aprenden los niños contigo».
«A los niños no los metas en estas cosas» dijo ella. La bofetada se oyó a través de la pared acompañada de un sonido de maderas rotas. El grito de Elisa fue sobrecogedor. Tomé el pomo de la puerta para acceder al pasillo y llamar a la puerta cuando de repente cesaron los ruidos.
Me detuve en el sofá del salón varios minutos esperando por si se reanudaba la discusión, pero tras un tiempo prudencial me volví a la cama, aunque me fue muy difícil recuperar el sueño, alterado como estaba. Aunque no era la primera vez que los oía, si es verdad que la pelea fue de las grandes. No había vivido una discusión igual entre una pareja.
Conseguí conciliar el sueño tras varios intentos, visitas al baño, respiraciones para relajarme e incluso leer un poco. Aunque no me concentraba para seguir la historia que me acompañaba desde hacía unos días. Me faltaban poco más de tres horas para sonar el despertador cuando logré dormirme.
El sonido del timbre me despertó poco antes de que sonara el despertador. Eran poco más de las ocho de la mañana. Me levanté con premura y me puse un pijama discreto. Me dirigí a la puerta.
Al otro lado de la mirilla de la puerta una pareja de la guardia civil aguardaba a que abriera la puerta. Lo hice inmediatamente.
Ambos se identificaron y saludaron con la mano hacia la gorra.
—Buenos días señor…—dijo el guardia civil esperando a que le dijera mi nombre.
—Eligio Ponce— me identifiqué.
—Señor Ponce—continuó el agente—. A su vecina Elisa la han matado esta noche. ¿Ha escuchado usted algo?
Espero que este relato te haya gustado. Nos leemos la próxima semana. El relato será navideño, aunque quién sabe, lo mismo no es lo que te esperas.
¡Gracias por leer Los relatos de Antonio de Rosa! Suscríbete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!