Entre luz y tinta

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141134496.en-la-prision-del-deseo-estoy.html Antonio de Rosa

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LA FUGITIVA

La mirada hacia atrás fue más por nerviosismo que por una posible persecución. Sabía que nadie la seguía. Había esperado aquel momento desde hacía años. Pero fue más fácil de lo previsible. Soñó muchas veces con aquel momento, con lo de la fuga, pero ahora estaba empapada en sudor por la carrera…y por los nervios.

Los médicos le dijeron tantas veces que estaba incapacitada que acabó creyéndolos. Cada vez que tenía una revisión parecía ida. La ingente cantidad de pastillas que albergaba su cuerpo eran la causa de aquellos desvaríos. La lucidez momentánea, un día de invierno entre dos tomas de pastillas, fue la clave. Sabía que era invierno porque los gorriones que llegaban a su ventana casi todos los días en busca de migas de pan, ese día frío no aparecieron. Ahí fue cuando decidió no volver a tomar ninguna más. Comenzó a esconderlas en la pata de la cama, como había visto en una película de la que ni siquiera recordaba el título. Él comenzó a notarla rara, pero era tan bruto que ni siquiera se molestó en preguntarse por qué.

Ahí tomó la segunda decisión importante: intentar escapar de esa celda. En las películas lo hacían, pero aquello no era ficción. Y tenía miedo, mucho miedo. No iba a ser fácil. Él la vigilaba día y noche. Siempre pendiente de ella, solo una mirada bastaba para volver a despejar su mente y ver que aquello sería imposible.

Hasta que un día vio con extrañeza que la puerta estaba abierta. Asomó la cabeza y lo vio dormitando en el sofá, con la televisión a todo volumen. Ni siquiera miró lo que ponían en ella. Comenzó a correr como hacía muchos años no corría.

Tocó, durante la carrera, la cadena con la medalla que le había regalado en el primer aniversario, cuando aún eran felices y él no era un ogro. O a lo mejor lo había sido siempre y ella no había sabido verlo.

Arrancó de un tirón la cadena. La arrojó con rabia al suelo y en la lejanía vio su libertad.

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Antonio de Rosa

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