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ATRACO A UN TIESO
Corría el año 2000 y mi segundo año de carrera. Me cambio a un piso en «La Juncal», con muchos estudiantes por la zona. El lugar está bien, pero no es perfecto, tiene muy cerca la zona del Polígono Sur. Miércoles, tengo poca pasta y el dinero me debe llegar al viernes.
Tengo Bonobús sin transbordo y no quiero gastar un viaje para ver a mi novia de entonces. Debo que ir hasta Bami, donde vive ella. Total, son veinte minutos andando. Como me quedaría a dormir llevo toda la mochila cargada de libros y 5000 pts que tengo que devolver a mi madre.
Problemas de tiesos.
El dinero, al fondo de un estuche en la mochila, bajo los libros. Conmigo, un reloj que me había regalado mi novia y mi primer móvil: un Philips al que se le había roto la tapa de la batería y tenía encajada con un papelito. Una más de tieso.
Se me olvidaba, una cadena de oro regalo de mi abuela. Hace frío, raro en Sevilla, pero es final de enero o así. El chaquetón hasta arriba abrochado. Voy por la explanada frente al Alcampo. He hecho ese camino varias veces y me acojonaba al llegar al túnel del tren del hospital.
Comienzo a escuchar: «Killo, ¿tienes hora?» Ya me huelo el panorama, por lo que no miro hacia atrás. Al poco: «Killo, ¿tienes un cigarro?», cada vez más cerca. Digo al aire: «no fumo», y entonces llegan y me rodean. Me fijo un poco y es un grupo de chavales, entre 10 y 15 años.
Allí en medio me fijo en el que lleva la voz cantante: «danos algo, ¿no?» me dice el cabecilla. Empiezo a dar penita: «tío, soy un estudiante y no tengo na». Miro la hora porque se me iba a hacer tarde y el nota ve el reloj. «Killo, danos el reloj», me dice. Acojonado sigo:
«Tío, es un regalo de mi novia y voy para allá. La pobre ha ahorrado para comprármelo». Era mi primer reloj para correr: Casio accelator. El nota se olvida de él y mira la mochila: «¿qué llevas ahí?». Que voy a llevar, criatura, pienso, y digo «libros». Pienso en las 5000 pts.
Me dice: «abre que lo vea». Abro la mochila y ve tres tomos que había sacado de la biblioteca y dice: «cierra, cierra», lo poco que le gustaban al nota los libros. «Killo, yo soy un estudiante que no tiene na», intento seguir dando penita. Y en ese momento suena mi móvil.
Al nota le hacen los ojos chiribitas y grita: «¡un móvil!». Los demás dicen: «sácalo», y pienso: adiós móvil. Seguro que era mi novia al ver que me tardaba. Al sacarlo, con los nervios, el móvil sale por los aires, se le suelta el papelito, se caen la tapa y la batería.
Queda como un lego en el suelo, desarmado. Entonces, uno de los pequeños le dice al más grande: «killo, déjalo, es un estudiante, este no tiene ni un duro. Está tieso». Me dan un par de palmadas en la espalda y se van en dirección al Polígono Sur. Monté el móvil y llamé.
Había sido mi novia la que llamaba. Le dije lo que me había pasado. No se podía creer que lo llevara todo. Yo tampoco. A veces, solo a veces, es bueno ser un tieso…y aparentarlo.
SOLOMILLOS Y GUISANTES
—«Cornisa o armario»—dijo el viejo.
—¿Cómo dice?—pregunté extrañado.
—Todos los que aparecen por aquí de esa guisa es porque o bien los ha pillado el marido de la amante, o porque han salido a la cornisa cayendo desde ella.
—¿Tan común es esto?—seguí.
—Más de lo que usted cree, aunque no es lo más raro que he visto.
Me callé y le hice un gesto para que siguiera.
—Una vez apareció uno que había muerto congelado. Se había escondido en un arcón frigorífico, que solo abría por fuera, entre los solomillos y los paquetes de guisantes.
Hoy las recomendaciones van en otro sentido. En este caso, nuestra «amiga» Ana Ballabriga nos recomienda unas series de televisión del género negro. Espero que os guste.
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