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LAS LLAVES
Apretó el botón de las llaves del coche. El sonido, inconfundible, la tranquilizó. La zona era insegura y quería introducirse en el vehículo después de haberse cruzado con varias personas con mala pinta. «Tengo que dejar los prejuicios», pensó.
El apretón en el cuello fue inesperado. No había oído a nadie llegar hasta ella. Forcejeó un poco. El instinto le hizo envalentonarse; se estaba quedando sin aire. Manoteó, aún con las llaves en la mano que amenazaban con caer al suelo. «Quietecita o será peor», oyó decir a un hombre. La mano con las llaves llegó hasta el rostro del acosador, clavándose la de seguridad de la puerta de casa en el ojo derecho del individuo, que gritó y la soltó, llevándose las manos al rostro.
No lo pensó; entró en el coche y activó los seguros. Intentó arrancar, pero el ordenador de a bordo le indicó que las llaves no estaban en el interior del vehículo.
Miró hacia afuera aterrorizada y vio las llaves ensangrentadas en la mano del hombre, que sonreía.
HISTORIA DE UN CALVO
Os voy a contar mi experiencia con un calvo. Estaba yo en la parada del C1 en Sevilla, en Ronda de Triana, allá por el año 98. Tenía que coger el autobús hasta el Prado de San Sebastián, para después hacer transbordo hasta la Laboral. Paliza de casi una hora.
Al lado mía un hombre, de unos 60 años o así, con la cabeza brillante. Era mi segundo día viviendo en esa zona y, el día anterior, me había bajado en esa parada. Yo veía los autobuses pasar y no me cuadraban mucho, pero estaba pendiente del señor que estaba a mí lado.
El hombre se levanta, se acerca al bordillo y comienza a mirar por la calle hacia Lope de Gomara, a lo lejos, ansioso por que llegara su autobús, cuando escucho un ruido fuerte de tubo de escape. Me vuelvo y veo venir por el otro lado a dos chavales en una Variant.
Veo cómo van cambiando de carril de forma temeraria y uno lleva algo en la mano. El hombre está de espaldas con medio cuerpo sacado hacia la calle y ellos se acercan con peligro al bordillo. Cuando llegan a nuestra altura el que va de paquete saca la mano con el objeto.
Entonces puedo ver lo que lleva. Levanta la mano y con una botella de plástico vacía le pega en la cabeza al hombre mientras grita: ¡Carvo, cabrón! El piloto acelera con estruendo la Derby y se oyen carcajadas. Yo no puedo reprimir la risa y el hombre se vuelve hacia mí.
Intento controlarme porque es una putada y no debería reírme. Me dice el hombre: ¿Dónde vas, chaval? Yo, reponiéndome del ataque de risa, le digo: Al Prado. Y me dice, riéndose él: Pues como no te vayas a la parada de enfrente y cojas el C2 le vas a dar toda la vuelta a Sevilla.
Así que para allá me fui, con el rabo entre las patas y novato en una ciudad que tiene estas cosas. Para que veáis que todos los calvos no son como Rubiales, que también hay buenas personas.
Hoy os cuelgo un vídeo de Zenda Libros en el que la maravillosa Ana Ballabriga nos muestra a las mejores novelistas españolas de género negro. No están todas, pero las que hay son muy buenas y os harán pasar un buen rato.
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