Entre luz y tinta

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188115335.no-eres-tu-es-el-algoritmo.html Antonio de Rosa

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🖋️ Relato de la semana

EL ALGORITMO NO SE EQUIVOCA

Eran solo las 8:30 de la mañana y Adolfo ya llevaba dos cafés. En los últimos tiempos dormía poco y mal. Quizá eran aquellas malditas pantallas: el móvil, la tablet cuando su mujer ponía algo en la televisión que a él no le interesaba demasiado. O quizá, simplemente, se hacía viejo.

Llevaba veinticinco años en aquel puesto de trabajo. Había sobrevivido a reestructuraciones, fusiones y cambios de sucursal. Incluso a un intento de atraco en el que estuvo a punto de hacérselo encima cuando el tipo le apuntó con una pistola.

No había sido un hombre valiente, pero sí cumplidor.

Quizá por eso el algoritmo lo había declarado prescindible.

El informe de la aplicación, tras cruzar los datos de todos los trabajadores, le había colocado una etiqueta limpia, aséptica: «No rentable en el futuro».

El mensaje llegó sin emoción alguna, como si lo hubiera redactado una inteligencia artificial. Era el único correo de aquella mañana en su bandeja de entrada. Sus compañeros —todos más jóvenes— lo miraban con compasión. Adolfo levantó ligeramente el labio en una mueca irónica. Eran tan altivos que no pensaban que los siguientes podían ser ellos, en cuanto dejaran de ser rentables.

Caminó hasta la oficina de recursos humanos con paso anodino. Lo recibieron rostros tensos, sonrisas impostadas y frases hechas, vacías, dichas con el mismo tono que quien anuncia el tiempo o los resultados deportivos.

Volvió a su mesa sin decir palabra. Resignado. Aquello no lo sorprendía del todo; lo había visto antes.

Recogió sus pocas pertenencias y las metió en una fiambrera transparente de tamaño mediano, de esas para guardar ropa, comprada sin duda en algún bazar chino. Salió por la puerta sin despedirse y sin mirar atrás.

Ya en casa, cogió la tablet y navegó por las noticias. Una le arrancó una sonrisa sarcástica.

Su banco —el mismo que acababa de despedirlo— había concedido un crédito a un cliente con deudas, sanciones y causas abiertas. El algoritmo lo consideraba arriesgado, pero rentable.

El algoritmo no se equivoca.
Solo decide a quién merece la pena salvar.


✒️ Consejo de escritura

La injusticia funciona mejor cuando es cotidiana.

Este relato acierta porque no necesita grandes discursos ni escenarios futuristas. Todo es reconocible: el café, la oficina, el correo frío, la fiambrera del chino para llevarse una vida entera.

Cuando escribas sobre sistemas injustos, baja el foco. No hables del algoritmo como concepto, sino de cómo afecta a alguien concreto, con nombre, edad y rutinas. La identificación del lector es el verdadero golpe.


📚 Sobre los relatos de tecnología y deshumanización

Este tipo de historias no hablan realmente de máquinas, sino de cómo los humanos se esconden detrás de ellas. El algoritmo no despide, no juzga, no decide: lo hace la gente, pero sin asumir la responsabilidad.

Son relatos incómodos porque cuestionan una idea muy extendida: que lo automático es justo. Y no hay nada más peligroso que una injusticia presentada como neutral.

La máquina no tiene conciencia.
Pero alguien decidió que eso no importaba.


📖 Novedades: El Predicador

En El Predicador, las redes sociales se vuelven fundamentales para que este justiciero vuelva a actuar. Lo deja al albedrío de la gente, de un algoritmo que va a permitir mostrar sus mensajes a muchos o pocos. No es él quién decide, lo hace el algoritmo; y después, actúa.

Lo bueno, que esta semana lo tienes a 0,99€ en formato digital (gratis en Kindle Unlimited). No desaproveches la oportunidad. Te dejo aquí el enlace directo por si lo quieres. Y déjame una reseña cuando lo termines (a los escritores nos es de mucha ayuda).

El predicador (0,99€)

Y nada más. Nos leemos la próxima semana.

Antonio de Rosa.

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